Silencios que pesan: la urgencia de cuidar la salud mental

09.07.2025

Se dice que las personas con depresión no fingen tenerla, sino que fingen estar bien. Esta frase, tan cruda como cierta, resume lo que muchas personas viven día a día en silencio; la salud mental se ha vuelto un tema cada vez más presente en nuestra sociedad, y eso es un gran avance. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. 

 No basta con hacer charlas aisladas en instituciones educativas; es urgente ampliar esta conversación y llevarla también a las familias, a los maestros y a los espacios comunitarios. La salud mental es tarea de todos, y el hogar, que debería ser un espacio seguro, puede convertirse en el primer escenario donde se vulnere el bienestar emocional de niños, niñas y adolescentes, los cuales se ven afectados por comentarios que disminuyen su autoestima, falta de escucha o experiencias que no se sienten cómodos de expresar, son solo algunos ejemplos de lo que puede estar ocurriendo puertas adentro. 

 Esto es solo una parte del amplio espectro de la salud mental, según el Observatorio de Violencia del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, para el año 2022 en Colombia se registraron 2.254 suicidios en hombres y 598 en mujeres; pero el problema no es solo estadístico. Lo vemos también en frases cotidianas como: "los jóvenes solo quieren llamar la atención", "yo no voy al psicólogo porque no estoy loco", o "¿qué le está pasando a la juventud?". Dichas expresiones dan cuenta de una cultura que aún minimiza y estigmatiza el sufrimiento emocional. 

 Aunque existe una Política Pública de Salud Mental en Colombia, su implementación es limitada y su difusión escasa, tristemente, solo se recuerda en fechas conmemorativas o cuando alguien se suicida. La salud mental no puede seguir siendo un tema reactivo, debe ser una prioridad permanente.

 Por eso, es hora de ir más allá de charlas en colegios, donde pareciera que lo más importante es llenar una hoja de asistencia. Necesitamos un diálogo abierto, vinculante y constante, en el que todos los sectores sociales se comprometan con acciones reales: talleres, campañas, líneas de atención, formación para padres y maestros, divulgación de hábitos de vida saludable, y espacios seguros que promuevan el cuidado emocional sin miedo ni juicio. 

Solo cuando tratemos un malestar emocional con la misma seriedad que tratamos un dolor físico, podremos decir que estamos avanzando. Prevenir el suicidio y mejorar la calidad de vida emocional no es un ideal inalcanzable, pero sí requiere voluntad, empatía y compromiso colectivo. 

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