Calladitas no nos vemos más bonitas: la mujer en la política
Ser mujer en política no es fácil. Y ser joven y mujer, mucho menos.
Aun así, aquí estamos: de pie, con la voz firme, cargando sobre nuestros hombros no solo el compromiso con la gente que nos eligió, sino también el peso de romper estereotipos, resistir comentarios malintencionados y desafiar un machismo que, aunque disfrazado, sigue vivo en muchos escenarios.
Hoy, desde una curul en el Concejo de Toluviejo, represento con orgullo a mi gente. Lo hago con honestidad, transparencia y profundo amor por este municipio. Pero también lo hago con la conciencia de que mi presencia aquí es una excepción en medio de un sistema que no fue pensado para nosotras.
A muchas mujeres jóvenes se nos cuestiona por tener carácter, por tener ideas propias, por querer transformar las cosas. Se nos dice que "esperemos nuestro turno", que "maduremos", que "no levantemos tanto la voz". Y cuando no nos callamos, cuando opinamos, lideramos y proponemos, entonces molesta. Se incomodan. Se burlan. Nos llaman intensas, emocionales y hasta rebeldes. Pero no vinimos a encajar. Vinimos a cambiar.
Porque la política necesita más mujeres, más jóvenes, más miradas distintas. Necesita menos ego y más empatía, menos vanidad y más propósito. El machismo, que muchas veces se presenta como "forma de hacer política", no puede seguir siendo la regla no escrita. Nosotras no estamos aquí para cumplir cuotas de género, ni para llenar espacios.
Estamos porque tenemos propuestas, capacidades y una voluntad profunda de servirle a la gente, de transformar nuestros territorios. Porque sabemos que otra forma de hacer política es posible: más ética, más humana, más justa. Somos poderosas. No claudicamos. Hablamos sin miedo. Somos valientes.
A las mujeres que sueñan con ser parte de estos espacios, les digo: no se detengan. El camino no es fácil, pero vale la pena. Y a las que quieren intentarlo y tienen miedo, háganlo. Háganlo con miedo. Lo importante es no quedarse calladas. Somos una herramienta poderosa de transformación. Porque para el que cree, todo es posible.
Y hoy más que nunca, Vale creer.

