El silencio y la indiferencia, cómplices del incumplimiento en Sincelejo

15.07.2025

En Sincelejo, cumplir las normas de tránsito parece ser la excepción. Lo que debería ser lo mínimo -respetar los semáforos, usar casco, conducir con precaución- se ha vuelto una rareza. El caos que vivimos a diario no es casualidad: es el reflejo de una cultura profundamente arraigada donde el incumplimiento se ha vuelto costumbre. Y lo más preocupante es que, como jóvenes, lo aceptamos en silencio, lo justificamos, lo repetimos, lo hemos normalizado.

Este tema me ha inquietado desde hace años. Por eso, dediqué mi trabajo de grado en 2023 "Cultura del incumplimiento" a estudiar cómo, en Sincelejo, especialmente entre los jóvenes que nos movilizamos en motocicleta o entre quienes se transportan con el mototaxismo, se ha interiorizado culturalmente el incumplimiento de normas básicas de tránsito, como el uso del casco, respetar semáforos o la prohibición de transportar más de un pasajero. Más allá de las cifras, lo que encontré fue una justificación constante, una normalización colectiva de prácticas que deberían alarmarnos.

La respuesta no está solo en la necesidad de llegar rápido a un lugar por salir tarde, ni en la falta de controles por parte de la autoridad, ni las altas temperaturas al mediodía, aunque esos factores existen. Está, sobre todo, en nosotros. En cómo hemos dejado que el silencio sea cómplice. En cómo nos importa poco cuando alguien más cruza un semáforo en rojo, lleva a tres personas en una moto o se moviliza sin luces. En cómo la imprudencia se disfraza de picardía y nadie la cuestiona.

Y aquí está el punto: si fuimos capaces de normalizar el incumplimiento, también podemos ser capaces de romper ese esquema.

Hemos visto cómo en redes sociales cada vez más jóvenes nos apropiamos de causas justas, alzamos la voz cuando presenciamos injusticias, y movilizamos la opinión pública con carácter y convicción. Esa fuerza que demostramos frente a temas nacionales o polémicos, también debemos reflejarla en los problemas cotidianos que vivimos en nuestra ciudad, como en este de movilidad.

No basta con indignarnos desde el celular ni con señalar a las autoridades desde la comodidad de una publicación. El verdadero desarrollo empieza cuando asumimos que también es nuestra responsabilidad actuar distinto. No se trata de esperar a que todo esté bien para empezar a cumplir, sino de demostrar que sí se puede vivir y moverse con respeto por los demás. Somos jóvenes, sí, pero no somos ingenuos. Sabemos lo que está mal, y también sabemos que tenemos la fuerza para revertirlo.

"El verdadero desarrollo de una sociedad no se mide en cifras, sino en cómo se comporta el ciudadano promedio cuando nadie lo está vigilando en la vía".

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