Cuando todos miran y nadie hace "Mojana"

04.02.2026

¿Por qué como sociedad solo reaccionamos cuando los problemas son coyunturales, cuando solo llaman la atención de manera momentánea, y no cuando el abandono es permanente y sostenido en el tiempo? Esta pregunta resulta crucial al observar cómo se vive la crisis climática en diferentes regiones de Colombia.

Las recientes inundaciones en la región Caribe han despertado una legítima indignación nacional. Las imágenes del desastre, la pérdida de viviendas, la muerte de animales y los daños a la economía local, ¿duelen? Sí, y mucho. Sin embargo, esta reacción contrasta con el silencio que ha rodeado otros desastres de menor visibilidad mediática pero de igual gravedad y continuidad temporal.

En el departamento de Sucre, por ejemplo, desde hace casi cinco años existe una región inundada como consecuencia del desbordamiento del río Cauca. Aproximadamente 400.000 hectáreas permanecen bajo el agua, y miles de familias han sido desplazadas, sin que se haya generado una respuesta estructural ni una atención sostenida por parte de los medios de comunicación o las instituciones competentes. El desastre no es nuevo; lo que cambia es el foco de atención de la opinión pública.

Este abandono histórico se ve agravado por el silencio de quienes durante años negaron la crisis climática o minimizaron su impacto. Muchos ciudadanos y sectores productivos desacreditaron a quienes alertaban sobre los riesgos del cambio climático, considerando exageradas las advertencias de ambientalistas, activistas y defensores del territorio y de los animales. Hoy, la misma realidad que antes se ignoraba irrumpe con fuerza en nuestros territorios, recordando que la crisis climática no es un escenario inventado por gente sin oficio ni un relato alarmista, sino una emergencia que afecta vidas y medios de subsistencia.

Es doloroso constatar que muchas de las advertencias realizadas por expertos y comunidades locales se están materializando. La crisis ambiental no solo amenaza el hábitat natural, sino que también pone en riesgo la estabilidad económica y social de la región. Las inundaciones reiteradas muestran que los patrones de desastre se han vuelto recurrentes, y que el país no ha logrado desarrollar mecanismos de prevención ni políticas públicas de adaptación efectivas; estas suelen quedarse solo en el discurso y la planificación, mas no en la implementación.

Históricamente, se ha privilegiado la inversión en proyectos de corto plazo o en sectores productivos extractivos, incluso cuando estos se han visto asociados a prácticas corruptas. No se fomenta suficientemente la educación ambiental, la planificación territorial y la prevención del riesgo. El resultado es un territorio vulnerable, comunidades expuestas y un Estado que parece reaccionar solo ante la visibilidad mediática del desastre.

Hoy nos enfrentamos a la realidad de uno de los problemas más grandes a nivel global: el cambio climático. Una vez más toca nuestras puertas; esta vez, las de hacendados y de quienes durante años han denigrado el activismo ambiental. Pero la historia muestra una injusticia que no podemos ignorar, porque lamentablemente quienes más sufren son quienes protegen y cuidan el territorio, aquellos que son más vulnerables a este tipo de fenómenos. Las recientes inundaciones, la pérdida de cultivos, la pérdida de fauna, la afectación de miles de familias e incluso la muerte, como ocurrió recientemente en las playas de Coveñas, Sucre, donde el fuerte oleaje cobró la vida de una persona por sumersión, son las consecuencias de un modelo de desarrollo que ha descuidado la sostenibilidad ambiental.

La indignación selectiva, que aparece solo cuando la emergencia se vuelve noticia, demuestra la urgencia de asumir colectivamente la responsabilidad de proteger el territorio y a quienes lo habitan. No podemos reaccionar solo cuando algo se vuelve visible o "importante" para los medios; la acción debe ser constante. La acción no puede depender de la coyuntura, de la visibilidad mediática ni del interés momentáneo. La crisis climática exige políticas públicas sostenibles, educación ambiental y un compromiso permanente con las comunidades más afectadas.

Solo así podremos dejar de vivir reaccionando ante los desastres y comenzar a prevenirlos y mitigarlos de manera efectiva.


Share
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar