Corozal: Oportunidades para pocos, desilusión para muchos
En Corozal, las oportunidades, esas que prometieron en campaña, han terminado siendo privilegios repartidos entre pocos. En época electoral nos vendieron el cuento de "juntos construimos oportunidades", y resultó ser exactamente eso: un cuento mal contado. Con una canción pegajosa, más propia de una promoción de supermercado que de un proyecto político serio, lograron convencer a un pueblo agotado, que terminó eligiendo a quien, aunque mal candidato, representaba una esperanza débil, pero esperanza al fin. Hoy esa esperanza está rota.
La inversión social en el municipio es prácticamente invisible. Se habla de progreso, pero en la práctica solo se ha visto un parcheo simbólico de huecos con una supuesta "revolución del hueco" que apenas llegó a un par de calles. Mientras tanto, el resto del pueblo sigue esquivando cráteres y promesas rotas.
Lo más indignante no es la falta de obras. Es la arrogancia con la que hoy se maneja la administración. Decían que el "pueblo opina", pero hoy la crítica por más respetuosa que sea es respondida con ataques, difamaciones y desprecio. Se gobierna con soberbia, no con oído. Con vanidad, no con propósito.
Y si alguien duda, solo basta con revisar el SECOP: una avalancha de contrataciones cuyo impacto no se nota. Capacitaciones, talleres y eventos que nadie recuerda, pero que sí engrosan la lista de contratos, mientras el ciudadano de a pie se sigue preguntando: ¿y para mí cuándo?
Lo peor es que esta administración se está volviendo experta en maquillarse. No solo la gestión, también el estilo de vida. Hay quienes antes caminaban humildemente por las calles del pueblo y ahora caminan con aires de realeza, creyéndose intocables. Pero el poder es breve, y la realidad siempre termina llegando.
Corozal necesita oportunidades reales, no eslóganes. Y necesita una administración que entienda que gobernar no es callar al pueblo, sino escucharlo, servirle y devolverle la esperanza que le arrebataron con discursos vacíos.

