Un corazón que late por los animales
Desde que tengo memoria, los animales siempre me han conmovido. Pero fue en 2014, cuando ayudé por primera vez a un perrito callejero, que entendí que aquello que sentía no era solo ternura: era un llamado. No tenía grandes recursos, pero sí un deseo enorme de proteger a esos seres invisibles para muchos. Incluso, llegué a pagarle a mi tía para que me prestara el patio de su casa y así poder brindarles un lugar seguro a algunos de ellos. Así empezó todo.
Cuatro años más tarde, fundamos SOS Defensa Animal, y desde entonces no hemos parado. Hemos rescatado, rehabilitado y reubicado decenas de animales, muchos de los cuales hoy viven felices en hogares tan lejanos como Londres, Argentina o Brasil. Ver sus fotos, recibir mensajes de quienes los adoptaron y saber que tienen una nueva oportunidad de vida, llena el alma.
Hoy tenemos 26 animales en nuestro refugio y ayudamos a muchos más en las calles cada día. No buscamos aplausos ni reconocimientos, lo hacemos por amor y por justicia. Y aunque a veces el cansancio pesa, el cariño de quienes creen en nuestra causa es un motor que no se apaga.
Me llena de esperanza ver que cada día más personas se suman, comparten nuestras historias y donan lo que pueden. Gracias a ese apoyo desinteresado, hemos logrado hacer mucho con poco. Pero aún queda mucho por hacer.
Uno de nuestros grandes desafíos es la falta de herramientas. Soñamos con una política pública de bienestar animal en Corozal, con herramientas y recursos que nos permitan seguir ayudando muchos más animales.
Mi corazón lo mueven los animales, sí. Pero también lo sostiene la esperanza de que un día, el mundo se conviertan en un lugar donde toda vida importe. Porque cuando ayudamos a quienes no tienen voz, lo que estamos haciendo en realidad… es darle más humanidad a la nuestra.

